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Homilía · 16 de agosto de 2026
Perseverancia oración y vocación
11 min
Tener la «tozudez de la cananea» no es ser insolente con Dios; es la perseverancia de quien sabe que Dios es Padre bueno. Cuando la oración parece árida, cuando sentimos que nuestras palabras no pasan del techo, ése es el momento de arrodillarse más hondo y repetir con el corazón: «¡Señor, socórreme!». Jesús no puede resistirse ante esa fe humilde e insistente. Rompe el silencio con una exclamación de asombro: «¡Mujer, qué grande es tu fe! Que sea como tú quieres». Y su hija quedó sana en ese mismo instante.