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A veces llegamos a Misa buscando paz y encuentro con Dios, pero nos encontramos con actitudes que duelen o decepcionan. ¿Para qué volver? La respuesta está en recordar que nuestra fe no depende de la perfección de los hombres, sino de la fidelidad de Jesucristo.
Vivimos en una era que ha acostumbrado nuestra mente a la inmediatez, la distracción y el consumo constante de contenido. ¿Cómo está afectando esto nuestra capacidad de silencio, oración y encuentro con Dios?
Hay momentos en los que el camino parece incierto y necesitamos una luz que nos devuelva la esperanza. La Transfiguración nos recuerda que, incluso antes de la Cruz, Cristo nos deja ver su gloria para enseñarnos que la oscuridad nunca tiene la última palabra.
Lo que nos enseña la fiesta de Marta, María y Lázaro
Cada 26 de julio, la Iglesia celebra a san Joaquín y santa Ana y nos recuerda el valor de los abuelos como memoria, raíz y transmisores de la fe. El papa León XIV nos invita a visitarlos, escucharlos y cuidarlos con ternura y gratitud.
La historia de los santos Joaquín y Ana nos recuerda que la espera no siempre es un tiempo perdido. A veces, mientras parece que Dios guarda silencio, está preparando algo mucho mayor de lo que imaginamos.
Santiago, con su hermano Juan y con Pedro, forman parte de un grupo privilegiado dentro de los elegidos. Todos serán testigos de la vida, muerte y resurrección de Nuestro Señor, pero estos tres podrán observar más de cerca.
El escapulario es un poderoso sacramental, es decir, es un signo sagrado según el modelo de los sacramentos, por medio del cual se confieren efectos, sobre todo espirituales.
“Mi divino corazón está tan apasionado de amor por la humanidad que, incapaz de contener en sí mismo las llamas de su ardiente caridad, debe difundirlas…”