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Todo Público·20 de octubre de 2026·Por Ana Belén Hurtado

«No tengas miedo»: ¿qué quiso enseñarnos san Juan Pablo II?

¿Cómo puede alguien que ha conocido la pérdida, la guerra y el sufrimiento decirnos que no tengamos miedo? La vida de san Juan Pablo II nos ayuda a descubrir que confiar en Dios no significa vivir sin temor.

Papa Juan Pablo II da sus primeras palabras


Era el 22 de octubre de 1978. Miles de personas llenaban la plaza de San Pedro para presenciar el inicio del pontificado de Juan Pablo II. Aquel Papa polaco, hasta entonces desconocido para gran parte del mundo, pronunció unas palabras que marcarían su pontificado: «¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!»

No era simplemente una invitación a ser valientes. Detrás de aquellas palabras había un hombre que conocía de cerca el sufrimiento y que había aprendido a confiar en Dios en circunstancias que fácilmente habrían podido llevarlo a la desesperanza.

Un hombre que tenía razones para tener miedo

Karol Wojtyła tenía apenas nueve años cuando murió su madre. Tres años después perdió a su hermano mayor y, a los veinte, en plena Segunda Guerra Mundial, falleció también su padre. Se había quedado sin su familia más cercana, mientras su país sufría la ocupación nazi.

La universidad donde estudiaba fue cerrada y tuvo que trabajar en una cantera y después en una fábrica química. En medio de aquella incertidumbre descubrió su vocación sacerdotal e ingresó en un seminario clandestino sin saber que algún día sería Papa.

Su vida nos recuerda algo importante: confiar en Dios no es saber qué va a pasar, sino saber en quién ponemos nuestra esperanza.

Joven sacerdote


¿Qué significa realmente «no tengas miedo»?

En el Evangelio, Jesús encuentra a Pedro después de una noche entera pescando sin conseguir nada. Le pide que vuelva a echar las redes y Pedro, aunque está cansado y tiene motivos para dudar, responde: «Por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5). Después de la pesca milagrosa, Jesús le dice: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5,10).

Jesús no espera que Pedro comprenda todo, que sea perfecto o que tenga garantizado su futuro. Lo invita a confiar y seguirlo. Ese es también el corazón del mensaje de Juan Pablo II: no necesitamos tener el control de todo para dar el siguiente paso con Dios.

Por eso, cuando decía «no tengan miedo», añadía inmediatamente: «Abran de par en par las puertas a Cristo». Porque a veces no nos asusta solamente lo que pueda sucedernos, sino lo que Dios podría pedirnos si lo dejamos entrar de verdad en nuestra vida.

Cuando tuvo que vivir sus propias palabras

El 13 de mayo de 1981, Juan Pablo II sufrió un atentado en la plaza de San Pedro. Recibió varios disparos y estuvo gravemente herido. El hombre que había invitado al mundo a no tener miedo se encontraba ahora frente a la fragilidad de su propia vida.

Dos años después, visitó en prisión a Mehmet Ali Ağca, el hombre que había intentado asesinarlo. Conversó con él y reafirmó su perdón. Su respuesta nos dejó otra enseñanza: no tener miedo también puede significar atrevernos a perdonar y no permitir que el mal recibido tenga la última palabra.

Papa visita a Mehmet


¿Y cuáles son nuestros miedos?

Quizás ninguno de nosotros tenga que enfrentar las circunstancias que vivió Karol Wojtyła, pero todos conocemos el miedo. A perder a alguien que amamos, a recibir un diagnóstico difícil, a no poder sostener a nuestra familia, a equivocarnos en una decisión o a comenzar de nuevo.

Y también podemos tener miedo de abrirle completamente nuestra vida a Dios. ¿Y si nos pide cambiar nuestros planes? ¿Perdonar a alguien? ¿Renunciar a algo que queremos? Preferimos tener certezas antes de dar el siguiente paso, aunque la vida pocas veces nos las ofrece.

Sin embargo, la confianza cristiana no consiste en la ausencia de miedo. Jesús mismo, en Getsemaní, experimentó una profunda angustia y rezó: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Nos enseñó que podemos acudir al Padre precisamente cuando tenemos miedo.

Tal vez hoy tengamos una preocupación que llevamos demasiado tiempo intentando resolver solos, una conversación pendiente o una decisión que seguimos postergando. Quizás abrirle las puertas a Cristo comience simplemente por confiarle aquello que tanto nos cuesta soltar.

Al celebrar a san Juan Pablo II, podemos volver a escuchar aquellas palabras que pronunció hace tantos años, no como una exigencia de valentía, sino como una invitación a dejarnos acompañar.

«No tengas miedo» no significa que nada malo pueda sucederte. Significa que, pase lo que pase, Cristo está presente.

Papa Juan Pablo 2


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